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Era el primer
día de clases y no había quién no esté lleno de esperanzas, de ansiedad y de
preguntas. Desde los pequeños que iniciaban su primer grado, hasta la mismísima
directora, ese día amanecieron antes que el sol. Se vistieron rapidísimo y se
encaminaron hacia la escuela n° 18 del barrio de Barracas.
En sus rostros no se asomaba ningún rastro de alegría, sino de temor y
expectativa por lo que irían a encontrarse. Habían buscado las respuestas
durante todo el verano, sin resultado alguno. Es que el comienzo de clases
significaba para todos ellos el final de una historia que había comenzado a
mediados de octubre del año anterior, con el sensación de presenciar el último
capítulo de una telenovela.
Fue al regresar de un fin de semana largo, cuando una de las maestras de quinto
grado se notaba más pálida y taciturna de lo habitual. Nunca había sido una
persona que irradiara alegría a su paso, pero el cambio fue tan radical que
hasta padres de otros grados consultaron a la escuela si estaba de duelo o
tenía alguna enfermedad que explicara el motivo por el que parecía tan
consumida por la vida.
Pasaron los días y Natalia seguía empeorando. Sus compañeros, superado el
primer vestigio de respeto por la "intimidad ajena" que hace sentir
que cualquier duda sobre la vida de otro es un atropello a su intimidad, le
preguntaron qué problema la aquejaba. ¿Deudas? ¿Amor? ¿Cáncer? Ella sólo
respondía que todo estaba bien, que no había de qué preocuparse.
Había pasado un mes cuando llegó una mañana con los ojos amoratados. Hubo
quienes dijeron que su marido la golpeaba, pero lo desestimaron ya que la
señora era viuda. Otros creyeron que había empezado a entrenar boxeo, aunque a
esa altura su estado físico era deplorable. Finalmente, se contentaron con
verla andar por los pasillos abrazada a una carpeta, con la mirada nerviosa y
alerta, y una actitud esquivaba ante cualquier tipo de comunicación con sus
compañeros de equipo.
Deambuló así por la escuela durante una semana hasta que se tomó licencia por
cuestiones personales y prometió volver el primer día de clases del año próximo.
Nadie supo nada de ella durante el verano, y el regreso a las aulas significaba
la resolución de una espera, de una incertidumbre que se había incrementado en
supuestos mitos y leyendas urbanas.
Aglomerados en la entrada, levantaban la cabeza uno a uno para encontrarla. Nadie
la vio. Llegaron al patio y los murmullos crecían junto a las miradas inquietas
en busca de un final para la película que se habían hecho.
La directora enchufó el micrófono, tosió, pidió silencio y esperó. Finalmente,
cuando todos la miraban y esperaban una respuesta, simplemente dijo: - No sé.
Padres, alumnos y colegas comprendieron de qué estaba hablando, no hacía falta
aclarar. Era la complicidad con la que se había unido la comunidad educativa.
Cuando estaban por entrar a las aulas, la vieron venir. Aún retrasada, caminaba
sin prisa. Su pelo largo brillaba tanto como sus ojos oscuros. Vestía una
solera rojo sangre y tacos aguja. Estaba radiante. No hubo quien no respirara
atónito y aliviado. Un simple caso de estrés curado de forma definitiva por las
maravillas del descanso y el verano.
La maestra fue el alma de la escuela, todos la abrazaban. La habían extrañado.
¡Cuánto amor recibió esa muchacha!
Subió con los niños siguiéndola hasta el aula, cerró la puerta y todos
escucharon los aplausos y gritos de júbilo que le dedicaban junto a las
preguntas atolondradas sobre qué había sido de ella. Hasta se oía su dulce risa
de fondo, como antes.
Cinco minutos antes del primer recreo, dos hombres corpulentos se presentaron
en la secretaría. Pedían hablar con la directora del establecimiento. Vestían
chaquetas de cuero y jeans.
- Sí, ¿los señores deseaban hablar conmigo? ¿En qué les puedo ayudar?
- ¿Trabajó aquí la señorita Pereyra? - le preguntaron, luego de mostrar su
placa.
- Claro, es la maestra de quinto grado C. Hoy volvió de su licencia.
- Señora, lamentamos informarle que la señorita Natalia Pereyra se suicidó hace
aproximadamente un mes en su departamento. – formuló de forma mecánica el
inspector -Es por eso que estamos aquí. Estamos buscando una...
Le temblaban las piernas, era evidente que había un error. Había estado con
ella minutos antes. A mitad de la mañana había interrumpido la clase para
asegurarse de que todo estaba bien. Algo le decía que la repentina mejora de su
inminente desaliño y regreso abrupto de la locura, no encajaba con las piezas
de lo esperable. Durante las vacaciones, la había soñado en un charco de
sangre, flotando boca abajo en el agua podrida a las orillas de un puente, en
la bañera desangrada, a ella y sus grandes ojos hundidos y amoratados que se
habían hinchado por el estrangulamiento o el ahogo o el propio y mismísimo
toque de la Parca. La había soñado hasta de día, con los ojos bien abiertos.
- Vengan conmigo, creo que hay un error.
Subió las escaleras agarrada de la baranda como si las estuviera escalando.
Sentía que su espíritu quedaba en la planta baja y sólo ascendía su cuerpo, que
aunque vacío pesaba más de lo habitual.
Los hombres habían hablado de una investigación sobre una carpeta desaparecida que
contenía información de una logia. ¿Había leído bien las siglas del FBI en las
placas que le habían mostrado? ¿Había soñado también con subir las escaleras, abrir
la puerta del aula de quinto grado y ver muerta a la Natalia?
Llegaron al cartel hecho en cartulina que tapaba la única ventana. “Bienvenido
5° grado”. Desde afuera se sentía el silencio y un frío los abrazó desde atrás.
Ni siquiera tocó, como era su costumbre. A medida que empujaba lentamente la
puerta, fue viendo cara tras cara a los pálidos alumnos que con la boca abierta
miraban atónitos el pizarrón. Cuando la puerta se abrió por completo, sintió a
sus espaldas el golpe que hizo uno de los agentes al caer desmayado. El vestido
rojo, en el suelo. No había rastros de la maestra.
Volteó a mirar a los niños y divisó claramente dos incisiones en cada uno de
sus jóvenes y tiernos cuellos. Natalia, la maestra de quinto grado C, había
terminado de dar su lección.
Excelente! Leí varias de tus creaciones y aunque no soy de ese tipo de géneros pudiste atraparme con tu narrativa. Te dejo mis redes para que sigamos en contacto. Instagram @22artilugios Twitter @22artilugios y Facebook "Café y Planteamientos". Gracias por haberme leído. Saludos! Matias22
ResponderEliminarUn gran creador de arte. Gracias por la invitación. Abrazos
EliminarHermosoooo.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarHola!!
ResponderEliminarMe ha gustado el relato. Es muy interesante, porque desde el principio sabes que a la profesora le pasa algo y sientes curiosidad para saber qué, y el final resulta bastante inquietante.
¡Enhorabuena y sigue así!
Un saludo!
¡Gracias Martín! Qué linda es la intriga en la literatura y cuánto nos pesa en la realidad. Un saludo para vos. Gracias por leer. Abrazo grande
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